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ARLINGTON, Texas -- La de Andrés Torres es tal vez la más loca e improbable de las historias de los Gigantes.

El jardinero puertorriqueño debutó en las mayores en 2002. Subió y bajó durante un par de campañas con dos clubes. Después, durante cuatro más, ni siquiera asomó la nariz en las Grandes Ligas. Creyó que su carrera había chocado contra un muro. Jugar en la liga de verano en México asomaba como la alternativa en su horizonte.


Pero Torres encontró su espacio con San Francisco como suplente la pasada campaña y en esta se quedó con el puesto del jardín central y primero al bate cuando el titular Aaron Rowand se lesionó y cayó en un bajón pronunciado.

Increíble. No fue hasta los 32 años que Torres logró establecerse definitivamente. Nada mal para alguien que suele decir que aprendió a jugar béisbol "a la mala".

"Todo esto ha sido una bendición", declaró Torres en la celebración de San Francisco de su primer campeonato de la Serie Mundial desde que la franquicia se mudó a la ciudad en 1958.

"He tenido que pasar por muchas cosas, era un chamaco (muchacho) del campo. A los 18 años fue que me decidí a jugar", contó. "La verdad que nunca pensé que iba a ser pelotero. Jugaba por jugar, era más bien un corredor de pista y campo".

"He pasado por mucho en este deporte, no ha sido fácil llegar a esto, muchas frustraciones", añadió. "Hubo partes de mi carrera que pensé que no iba a jugar pelota. En 2007 estaba sin trabajo hasta que Detroit me dio la oportunidad de ir a Doble-A. Pensé que iba a una liga independiente, a México".

Torres tuvo que luchar contra la percepción de que su estatura de 1,77 metros (5,10 pies) limitaba su potencial.

También fue diagnosticado con el trastorno por déficit de atención, un problema que incluso le hacía olvidarse de las señales de sus coaches al ir a batear. Ahora recibe medicamentos aprobados para lidiar con el trastorno.

Y al comenzar el último mes de la temporada regular estuvo fuera 10 días tras someterse a una apendicitis de emergencia, que temió no le iba a permitir jugar el resto del año.

"El talento siempre lo tuvo", comentó el manager de los Gigantes Bruce Bochy. "Pero nunca tuvo la oportunidad de mostrarse y esa se dio cuando Aaron Rowand se lesionó. Empezó a jugar a diario y la aprovechó. Uno se pone contento cuando alguien así logra explotar a esta altura de su carrera".

Torres bateó para promedio de .268 y .343 de embasado como primero al bate durante 2010. Conectó 43 dobles y se robó 26 bases.

Fue el segundo mejor bateador de los Gigantes en la Serie Mundial, detrás de Edgar Rentería, al producir para .318 (siete hits en 22 turnos), con cuatro dobles, un jonrón y cuatro anotadas.

"Nadie me regaló nada. Todo esto lo conseguí con mi trabajo. Por eso le digo a la gente, 'siempre luchen, no se rindan nunca', declaró Torres.